Van Leeuwenhoek y el Doctor

Volvía a llover y el callejón seguía vacío. Jack estaba desesperado, pero esa era la única opción que tenía. Había usado toda la energía que tenía disponible para enviar la señal y era la única esperanza que le quedaba. Se hacía tarde, debía volver con Gwen.

La Tardis se materializó en el callejón y el Doctor y Marta salieron de ella, llevándose una desagradable sorpresa.

—Me gustaría ver esas tres lunas, pero con esta lluvia parece imposible —dijo Marta irónicamente.

—Eeeh, estamos de nuevo en la Tierra, algo ha tenido que interferir con la Tardis. Ya tendremos tiempo para ver las tres lunas de Polux, ¿qué te parece si damos un paseo? —dijo el Doctor mientras comenzaba a caminar por el callejón.

—Pero, ¿dónde estamos?

—No lo sé, pero parece que está dejando de llover, así que hagamos un poco de turismo —dijo el Doctor con esa clásica sonrisa que prometía aventura.

Las calles estaban prácticamente vacías y los pocos viandantes caminaban apresurados, tapándose la cara con trapos. Al girar una esquina salieron a una explanada frente a un gran canal. Al otro lado se veían casas cuya fachada se inclinaban hacia el canal; seguramente las estructuras de madera que sobresalían de sus últimas ventanas servían para izar y bajar carga desde las barcazas que se veían amarradas a unos pequeños muelles, pero no había signos de actividad. Todo estaba demasiado tranquilo.

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Vista de Delft pintada por Johannes Vermeer

—Marta Jones, yo diría que estamos en Holanda. Perdone, ¿en qué ciudad estamos? —preguntó el Doctor a un pequeño hombre que justo pasaba en ese momento.

El hombre vaciló, quería salir de allí lo antes posible, pero había algo en su interlocutor que lo hizo detenerse y contestar tan extraña pregunta.

—Estamos en Delft, ¿cómo ha llegado aquí para no saberlo?

—Oh, eso es una larga historia, estaba intentando enseñar las tres lunas de Polux a… ¡Oh, vaya! No les he presentado. Marta, este señor es… vaya, no conozco su nombre.

—¡Eso no importa! ¿Acaso no conocen la plaga que está asolando la ciudad? Váyanse de aquí mientras puedan y no mire atrás —El pequeño hombrecillo se alejó con paso vívido.

—Interesante —dijo el Doctor—,  no recuerdo que en esta época hubiera ninguna plaga en Holanda. Tenemos que investigar esto, Marta. Busquemos a alguien que pueda darnos más información.

—Pero, ¿dónde?

—Fácil, solo hay que ir al lugar del que todo el mundo parece estar huyendo. Allons-y !

Marta y el Doctor se adentraron de nuevo en las callejuelas de la ciudad. Siempre intentando ir en sentido contrario a la gente que encontraban en la calle. Finalmente el camino desembocó en una plaza en la que se vislumbraba la fachada de lo que parecía un hospital. Las puertas estaban abiertas y se podían ver hileras de camas repletas de enfermos. Estos parecían languidecer sin ningún otro signo externo de enfermedad.

Jack seguía sentado al lado de la cama. Gwen no mejoraba, poco a poco las fuerzas la abandonaban, la fisura por la que habían entrado se había cerrado y estaban atrapados… «Un momento, esa voz…»

—Hola, ¿hay algún doctor en la sala?, aparte de mí, claro —De pronto la cara del Doctor cambió por completo—.  ¡¿CAPITÁN JACK?! Pero… cómo… ¿qué haces aquí? OOOHHH tú eres el que nos ha desviado, ¿verdad? Tienes que madurar, Jack, no puedes estar interfiriendo en mis viajes continuamente.

Pero Jack no lucía su típica sonrisa burlona y provocadora, estaba preocupado.

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Capitán Jack Harkness

—Gwen está mal. Si no hacemos algo, pronto morirá —dijo Jack con tono sombrío.

Marta estaba examinando a un paciente, nunca había visto nada igual, ningún signo demostraba que estuviera enfermo, pero ni siquiera era capaz de levantar un brazo.

—Nunca he visto algo así, es como si algo les estuviera robando la energía.

—Eso es exactamente lo que les pasa —dijo un hombre de complexión fuerte, alto y con el pelo ya cano—. Me presento, soy el doctor Louis Van Cens, el responsable de este hospital. Como pueden ver, tenemos numerosos enfermos y no responden a ningún tratamiento.

—Muy bien, tenemos a gran cantidad de gente enferma. Parece que es contagioso pero no sabemos lo que es, ningún tratamiento funciona y estamos en Delft aproximadamente a mitad del siglo XVII. Marta, ¿qué deberíamos hacer?

—Eeehhhh

—¡Oh, vamos! ¿Qué os enseñan en la facultad de medicina? Estamos justo en la época y en el lugar adecuado, saca de esa cabecita la información.

—¡Van Leeuwenhook! Creó los primeros microscopios.

—Mmm, yo no los llamaría así, pero es nuestro hombre. ¿Y dónde lo podemos encontrar?

—¿Aquí en el hospital? No, no, un momento. ¡Él trabajaba en el ayuntamiento, no era médico ni nada parecido!

—Louis, déjeme esa aguja de ahí —el Doctor pinchó a uno de los pacientes con la aguja y la guardó en una cajita—. Jack, quédate aquí cuidando a Gwen, volveremos enseguida. Allons-y !

El ayuntamiento estaba prácticamente vacío. En la entrada, un hombre alto y bien parecido estaba sentado a una mesa revisando unos papeles.

“El geógrafo” de Johannes Vermeer. Se cree que el modelo que usó para el cuadro fue el propio Van Leeuwenhoek.

—Usted debe ser Van Leeuwenhoek.

—El mismo, no tengo el placer de conocerle, ¿usted es?

—El Doctor. Y ella es Marta Jones, pero dejemos las presentaciones para luego, necesito sus lentes.

—¿Cómo? —Anton abrió los ojos de par en par.

—Creo que con sus lentes podríamos desentrañar la misteriosa plaga que está azotando su ciudad.

—Pero, ¿cómo sabe lo de mis lentes?

—Es una larga historia y no hay tiempo, Anton.

—Está bien, acompáñenme. «No conocía de nada a este “Doctor”, pero extrañamente sentía la necesidad de ayudarle».

Cogió su abrigo y el trío salio rápidamente a la calle liderados por Anton. Pasando por numerosos callejones llegaron a una humilde casa. Anton les hizo entrar a una habitación y de pronto, ante ellos, encontraron una gran cantidad de extrañas placas de metal. También había muchos papeles y dibujos desperdigados por los distintos estantes. Anton cogió una de las placas y orgullosamente empezó a explicar:

—Aquí tenéis mi mejor modelo hasta ahora, me pasé bastantes días puliendo la lente hasta que quedé satisfecho y luego el montaje en la placa fue bastante peliagudo, pero estoy muy orgulloso. ¡Con él he podido ver cómo circula la sangre por un capilar!

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Van Leeuwenhoek no hacía microscopios tal como los conocemos hoy día. Pero alcanzó una gran maestría a la hora de realizar lentes que le permitió alcanzar hasta 200 aumentos, llegando incluso a visualizar por primera vez bacterias. Un simple funcionario logró adelantarse con su maestría a ilustres personajes de la física como Robert Hooke, que en la misma época experimentaba con sus propios microscopios.

—Fíjense, aquí está la lente (1), hay que mirar por este lado —dijo situándose el dispositivo a la altura del ojo por la parte plana—. Estos dos tornillos sirven para colocar la muestra: con este (2) puede subirse o bajarse la punta (4) en la que sitúo la muestra, y con este otro (3) puede alejarse o acercarse a la lente, hasta conseguir una imagen lo más nítida posible.

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Réplica de uno de los microscopios de Leeuwenhoek. Los tornillos servían para colocar la muestra. La lente era minúscula, es el pequeño círculo que esta en la placa a la altura de la aguja. Era en la aguja donde se colocaba la muestra. Anton hizo numerosos “microscopios”, se dice que cada vez que quería estudiar una nueva muestra hacía una lente específica para los aumentos que necesitaba.

Y miren algunos de los dibujos que he hecho: 

dctr2azucar

Observaciones de cristales de azúcar por parte de Anton Van Leeuwenhoek.

Son unos dibujos brillantes, debería compartirlos —dijo el Doctor mientras examinaba una pila de cartas preparadas para enviar con una importante capa de polvo.

No sé, ¿qué van a pensar de un simple funcionario?, las tengo preparadas para enviarlas a la Royal Society, mi vecino me ayudó con el latín… pero tengo miedo de lo que puedan pensar de mí.

Anton, usted no es un simple funcionario, usted es un genio y debe enviar esas cartas lo antes posible.

Marta cogió uno de los dibujos.

Oh, ese dibujo es… bueno eeehhh, es… —dijo Anton con gran timidez.

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Esperma de conejo y perro dibujado por Anton Van Leeuwenhoek.

Tranquilo señor Van Leeuwenhoek, sé perfectamente lo que es.

Van Leeuwenhoek tenía la cara completamente roja y no sabía hacia dónde mirar.

Ohhh no es suficiente, no se puede ver con claridad —dijo el Doctor mientras miraba a través del microscopio la muestra que había traido—. Tendremos que mejorar un poco la lente.

El destornillador sónico salió de uno de sus bolsillos y, tras una breve activación sobre la lente, volvió a mirar.

—Ohh sí, mucho mejor, bonitos bichitos.

Puedo verlo, quizás pueda reconocerlo —añadió Marta.

Claro Marta, todo tuyo. Pero no creo que reconozcas nada, estos señoritos vienen de otra parte.

Los malvados habitantes del planeta Politicus habían esquilmado muchos mundos con sus malas artes.

Los malvados habitantes del planeta Politicus habían esquilmado muchos mundos con sus malas artes.

Pero… ¿qué es esto? —dijo Marta extrañada.

Es lo que me temía: Invasores del planeta Politicus. Infectan a otras formas de vida y roban su energía. Tenemos que pararlos o acabará muriendo mucha gente. Deben tener un huesped mensajero que transmita la energía a su nave, alguien que esté siempre cerca de los enfermos, pero no dé muestras de debilidad. Mmmm ese doctor del hospital, llevaba muchos días rodeado de enfermos y estaba fresco como una rosa.

¿Louis Van Cenas, el doctor? No puede ser, es una persona intachable —dijo Anton extrañado.

Volvamos al hospital, debemos descubrir dónde está la nave de los politicones.

Oh, ¿podría devolverme mi microscopio? —dijo Anton timidamente.

Anton, tendrás que seguir mejorando tu trabajo con las lentes, este tendré que quedármelo yo.

El Doctor y su acompañante salieron corriendo por la puerta, dejando a Anton con la boca abierta y sin uno de sus preciados microscopios. Cogió una de las lentes sobre las que estaba trabajando, pero no podía dejar de mirar las cartas de reojo.

¡Maldita sea! Mañana empezaré a enviarlas.

Cuando Marta y el Doctor se acercaban al hospital, vieron a Van Cens entrar en un callejón oscuro. Jack parecía estar siguiéndole a corta distancia. Al acercarse al callejón se oía ruido de pelea, Jack había tirado a Louis al suelo y le increpaba.

—¿Qué estás ocultando? ¡Maldito cerdo! Estoy harto de ver tus escapadas del hospital tan lleno de energía para volver con ese aspecto cansado. Algo ocultas, desgraciado.

—¡Jack! A tu izquierda.

Jack se giró y allí estaba, una nave minúscula modelo Suizax del tamaño de un ratón. El dispositivo de recarga estaba abierto y la energía escapaba lentamente del cuerpo de Louise Van Cens para dirigirse a la nave.

—¡Todos atrás! —gritó el Doctor.

Dirigiendo el destornillador sónico hacia la nave, lo activó y esta empezó a temblar hasta que un humo blanquecino empezó a salir del interior.

—Creo que ya no tendremos que preocuparnos por esta invasión, su nave está inutilizada y, sin los comandos que recibían de ella, las bacterias dejarán de recoger energía y acabarán desapareciendo del organismo.

—¿Y qué hacemos con él? —dijo Marta señalando al doctor Van Cens.

—Déjalo descansar —Louise Van Cens estaba completamente dormido, los ronquidos debían oírse en toda la manzana—. Cuando se despierte tendrá un interesante dolor de cabeza y una gran laguna mental. Jack, déjame ver ese brazalete. Aha, así que usaste la energía que le quedaba para interferir con la Tardis, es brillante. Voi-lá, ahora os funcionará para un viaje, lo suficiente para volver a Torchwood.

De vuelta a la nave, el Doctor preparaba de nuevo el viaje a Polux. Tenían pendiente ver las tres lunas desde los muros de la ciudad secreta, pero Marta tenía todavía una pregunta que necesitaba respuesta.

Siempre dices que no hay que cambiar la historia, pero acabas de convencer a Anton de que envíe esas cartas a la Royal Society.

Bueeeeeno, a veces hay que darle un pequeño empujón a las cosas —dijo el Doctor mientras golpeaba descuidadamente con un martillo el panel de control de la Tardis. El émbolo central empezó a moverse y un ruido ensordecedor acompañado de un traqueteo molesto anunció el comienzo de un nuevo viaje.

 

Esta entrada participa en el Carnaval XXXIX de la Física que organiza el infame blog el zombi de Schrödinger, gobernado por el irresponsable @cuantozombi. Y continúa la serie de entradas en homenaje al Doctor Who que irán apareciendo en el blog como celebración del 50 aniversario de esta gran serie.

Otras historias del Doctor.

1. Faraday y el Doctor.

Más información.

Momentos estelares de la ciencia. Isaac Asimov. Alianza Editorial.

¿Cómo fabricaba las lentes Van Leeuwenhoek?

Información sobre las cartas que Van Leeuwenhoek envió a la Royal Society.

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Publicado el 27 febrero, 2013 en Carnaval de física, El Doctor, Historia de la ciencia, Relatos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Hmmm… Entre tú y @silviacolado vais a conseguir aficionarme a esa serie. ¡Anda que no me he reído con los politicones! xDDD Hasta las lentes no sabía dónde iba a aparecer la física, ¡muy grande!

    • Bueno, con esta no he acabado muy contento, pero atención a la próxima entrega que hay personaje ilustrísimo y además empieza el meollo de la historia del Doctor. El futuro malo de la historia va a sorprender mucho jeje

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