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El grabado y la espiral

Hay obras de arte que en el momento que las ves, te enamoras. No es lo que me pasó con la obra que inicia este artículo:

Opnamedatum:  2011-04-29

A primera vista parece un grabado típico de Jesucristo, pero hay algo raro en la imagen, un efecto óptico extraño. Acerquémonos un poco más para verlo:

Cristo-cerca

El grabado es una espiral que empieza en la nariz de Cristo y cubre el dibujo completo. El artista aumenta el grosor de la espiral en las zonas en las que lo requiere para dar forma o sombra. Además, el trazado de la espiral es modificado levemente para adaptarse al dibujo. Y todo esto realizado a mano.

contando

¡Oh! ¿Qué le habrá pasado a nuestro Schrödi sorprendido? Parece que se ha “espiralizado”, tendrás que seguir leyendo para descubrirlo y probarlo tú mismo.

El sudario de Santa Verónica fue dibujado por Claude Mellan en 1649 y es la obra más conocida del artista francés. No fue el único grabado que creó con esta técnica, pero sí el más importante y el que muestra de una forma más pura el trazo en espiral.

¿Y qué es una espiral?

¿Y tú me lo preguntas? Espiral eres tú.

La espiral que más se asemeja al dibujo de Mellan es la espiral de Arquímedes, que consiste en el lugar geométrico de un punto moviéndose a velocidad constante sobre una recta que gira sobre un punto de origen fijo a velocidad angular constante.

A mí esta explicación me suena a chino. Además es imposible leerla sin parase a respirar. Pero para estos casos siempre contamos con la ayuda de recursos visuales, aquí tenéis una animación que he preparado para comprender mejor esta espiral:

espirala1_1

Podéis ver cómo el rombo que dibuja la espiral se encuentra en una recta que va girando a velocidad constante. Además el punto se aleja del origen también a velocidad constante, describiendo así la espiral de Arquímedes. El movimiento a velocidad constante del punto en la recta quizás sea difícil de ver en esta animación, pero vamos a darle la vuelta a la tortilla y a hacer que lo que gire en la animación sea el plano:

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Arquímedes y el Doctor

Siracusa, 212 a. C.

—¡Ese maldito romano estaba destrozando mis círculos!

—Tranquilo, no te esfuerces, esta herida no tiene buen aspecto —El Doctor acunaba la cabeza de Arquímedes y podía ver cómo el blanco abandonaba la túnica dejando paso al carmesí.

—Al final nos volvemos a encontrar, aunque no tengas el mismo aspecto. Mírame, sigo siendo un viejo y tú ahora eres más joven —Arquímedes tosió y la sangre manchó sus labios—. ¿Qué fue de esa horrorosa e interminable bufanda que llevabas? Parecía que Penélope la había tejido para ti durante siglos.

—Bueeeno… para mí han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos, ¿te acuerdas de la cara de esos romanos cuando su barco se alzó en el aire? Ooh, Arquímedes, eres grande.

2 años antes. Siracusa, 214 a. C.

—¿No ve que la bañera está demasiado llena? Fíjese, el agua casi sale por el borde y en cuanto entre será un desastre.

—¿Y eso no le dice nada? —preguntó el Doctor con una gran sonrisa mientras se comía otra gominola. Al fin y al cabo los señores del tiempo también tenían sus vicios.

—Pues claro, me dice que un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja —dijo el anciano con orgullo—. Lo llamo el principio hidrostático y lo descubrí hace muchos años mientras meditaba sobre el diferente peso aparente que tiene nuestro cuerpo bajo el agua.

—Oops vaya, parece que he llegado más tarde de lo que pensaba. Siempre quise ver cómo celebraba locuelamente el descubrimiento.

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