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Van Leeuwenhoek y el Doctor

Volvía a llover y el callejón seguía vacío. Jack estaba desesperado, pero esa era la única opción que tenía. Había usado toda la energía que tenía disponible para enviar la señal y era la única esperanza que le quedaba. Se hacía tarde, debía volver con Gwen.

La Tardis se materializó en el callejón y el Doctor y Marta salieron de ella, llevándose una desagradable sorpresa.

—Me gustaría ver esas tres lunas, pero con esta lluvia parece imposible —dijo Marta irónicamente.

—Eeeh, estamos de nuevo en la Tierra, algo ha tenido que interferir con la Tardis. Ya tendremos tiempo para ver las tres lunas de Polux, ¿qué te parece si damos un paseo? —dijo el Doctor mientras comenzaba a caminar por el callejón.

—Pero, ¿dónde estamos?

—No lo sé, pero parece que está dejando de llover, así que hagamos un poco de turismo —dijo el Doctor con esa clásica sonrisa que prometía aventura.

Las calles estaban prácticamente vacías y los pocos viandantes caminaban apresurados, tapándose la cara con trapos. Al girar una esquina salieron a una explanada frente a un gran canal. Al otro lado se veían casas cuya fachada se inclinaban hacia el canal; seguramente las estructuras de madera que sobresalían de sus últimas ventanas servían para izar y bajar carga desde las barcazas que se veían amarradas a unos pequeños muelles, pero no había signos de actividad. Todo estaba demasiado tranquilo.

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Vista de Delft pintada por Johannes Vermeer

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